viernes, 29 de diciembre de 2023

UN TRABAJO IDEAL

 



Pienso que casi todos soñamos con el trabajo ideal. Aquel que no implique estrés; que nos sintamos alegres, creativos; que no sintamos que nos están explotando; que nos sintamos libres de decidir sobre lo que estamos trabajando; que no nos esclavice.

Tocar este tema del trabajo es por supuesto un tema demasiado amplio que involucra distintos factores. Independientemente de lo que ahora se vive en el mundo laboral, algún día en un futuro no muy lejano tenemos que arreglar las cosas en lo que decidimos como humanidad para que todos tengamos un trabajo digno.

¿Quién de todos nosotros puede decir después de un fin de semana: “estoy ansioso por regresar a mi trabajo”?

Cuando le pregunto a distintas personas si les gusta su trabajo, me responden: “Sí…, puede ser”. Y por el tono en que responden, parece que la única motivación que tienen es el dinero que ganan, el dichoso dinero por el cual todos debemos trabajar.

Sin embargo no creo que yo sea la única persona que se pregunte: ¿Así debe ser? Más bien así lo hemos aceptado poco a poco en este loco sistema que hemos formado todos, unos porque lo dictan y otros porque aceptamos.

Opino que un trabajo ideal se debería disfrutar, gozar, sentirse creativo, sentirse conectado con la Naturaleza, con buena energía hacia otras personas sin tener que sucumbir a una intensa competencia entre nosotros. Parece un escenario difícil de alcanzar pero he visto que algunas personas lo han estado buscando y logrando. Me refiero a las personas que se alejan de este sistema y hacen lo suyo, sin importar la severa crítica de sus familiares, “amigos”, etc. Y a pesar de que ese modo de vida es difícil, se les ve felices, con optimismo, con energía vital. Basta navegar en internet y buscar “Me alejé del sistema” y encontraremos distintas historias de personas llenas de valentía y decisión.

Personalmente continúo en el camino del alejamiento de este sistema. Eso implica un específico esfuerzo, sobre todo energético.

Este verano a pesar de las inusuales altas temperaturas, “saboreé” en pequeña escala lo que considero sería uno de esos trabajos ideales como describí anteriormente. Y fue ideal porque no debí dar ningún impuesto por todo lo que trabajé. El 100 por ciento de trabajo que puse fue para mí y mi familia en un 100 por ciento, bueno a excepción del impuesto por el agua que debemos pagar viviendo en una ciudad.

Los frutos que coseché, en realidad no fueron del todo míos. Es el trabajo de la noble Naturaleza que alimenta a sus hijos, es decir nosotros. También es el trabajo de las entidades invisibles que supervisan y cuidan. Es un trabajo del Mundo Espiritual a quien encomendamos nuestros cultivos.


Cada semilla que se coloca en la tierra es una gran esperanza, significa un compromiso de cuidado en cada etapa.

Cada semilla que germina es una alegría que no se puede describir fácilmente.

Cada flor que nace ya es una hermosa señal de que aparecerá el anhelado fruto.

Cada pequeño fruto que se va formando es una sensación que estremece y emociona.

Y cada fruto que se cosecha, además de un sabor insuperable, es un profundo agradecimiento a Dios Padre Yahvé por Su inmensa bondad, Su inmenso amor y misericordia por darnos un fruto fielmente nutritivo, lleno de la energía de Su amor y el fruto de un trabajo ideal en este mundo terrenal…

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