Si nuestro estómago tuviera voz propia, ¡se escucharían alaridos por doquier! Cuántas cosas tendría que reprocharnos. Tal vez algo así como: “¿por qué me das eso que no puedo digerir?”, “¿Por qué sigues comiendo lo mismo, si ya te envié señales claras que eso no es bien reci…